Alavida, Ideas actividades infantiles, Navidad

En Alavida, ponemos rincones con propuestas de actividades, dispuestas en bandejas, que los niños pueden realizar de forma autónoma: tienen que poder iniciar, desarrollar y llegar hasta el final de la actividad sin necesidad de recurrir a un adulto –entendiendo como final el hecho de dejar en su lugar, limpia y recogida, la propuesta que han escogido. 

Una de las premisas básicas para el desarrollo de la autonomía de los niños es que las cosas estén a su alcance, tanto los materiales de la actividad en sí como los que va a necesitar para su posterior limpieza.

 

Material necesario en la bandeja:

  • una patata hervida
  • un cuchillo para pelar la patata
  • un pasapuré
  • Cerca o en la misma bandeja, tiene que haber una bayeta y un barreñito con agua para que el niño pueda lavar lo que haya utilizado.

 

Qué se trabaja

Al girar la manivela con precisión, los niños trabajan la motricidad fina y, más concretamente, la coordinación óculo-manual –que es una habilidad cognitiva compleja. De hecho, sin darse cuenta, los niños están practicando la forma de la “o”, con lo que puede considerarse como una actividad de preparación para la lectoescritura.

La textura de la patata blandita y pegajosa favorece la estimulación sensorial, tan importante en esta etapa.

La autonomía y la responsabilidad: el niño ha elegido la propuesta (practicando así la toma de decisiones) y se encarga de limpiarlo y recogerlo todo.

 

Qué es lo que les gusta a los niños.

 

 

Los niños pequeños no tienen la experiencia de pelar una patata, por lo que para ellos es algo atractivo y novedoso. Pero la parte que realmente les fascina de esta actividad es ver cómo los trozos grandes de patata… se convierten en largos churritos. Para ellos es magia y sienten, realmente, que hacen magia.

 

Alavida, ideas de actividades infantiles en navidad, paseo por el campo, autonomia infantil, disfrute del camino, observación de las estaciones

En Alavida, tenemos la gran suerte de estar rodeados por una magnífica dehesa a la que podemos acceder con total libertad. Las salidas al campo son parte fundamental de nuestro día a día. Los lunes y los viernes, todos los niños de Infantil pasan la mañana en el campo. En primavera, verano, otoño e invierno. Haga frío o calor. Aunque llueva. Porque, precisamente, una de las cosas más importantes para nosotros en estas salidas, es que los niños puedan vivenciar por ellos mismos los cambios meteorológicos y de estación; sus efectos en la naturaleza y la manera que tenemos de adaptarnos nosotros a ello.

A veces nos ha pasado que, al llegar al campo, nos da tiempo al almuerzo y poco más porque los niños se han quedado mucho rato jugando en los charcos del camino o mirando, embebidos, unas obras en la calle… y el tiempo voló. Pero está bien así; que los niños puedan experimentar el disfrute del camino sin tener por qué llegar a una meta concreta. Esto hará que asocien los paseos al campo con un momento placentero mientras que, si lo convertimos en una marcha a ritmo forzado y venga, que si nos paramos no nos va dar tiempo a llegar, probablemente dejen de apreciarlos más pronto que tarde.

 

Qué se trabaja

Durante sus salidas al campo, los niños van afinando sus destrezas motrices. Los desniveles del terreno y los cambios de suelo (arena, barro, piedra, charcos, hierbas altas…) exigen un reequilibrio constante de la postura y el movimiento para adaptarse al entorno. Por otro lado, las rocas y los árboles, que invitan a saltar y trepar, les exigen, a su vez, una buena coordinación además de mucha atención

En Alavida no dejamos que los niños traigan consigo al campo cosas con las que jugar. Hay piedras, palos, flores y bellotas mil que ofrecen multitud de oportunidades de juegos de manipulación, clasificación y experimentación

Ni qué decir del juego simbólico, para el que los niños harán unas “albóndigas” de barro o construirán una cabaña, delimitada por ramas caídas y con camas-abrigo de colores variopintos. 

Las salidas al campo son una oportunidad más para trabajar la autonomía

Los días de colegio, con las prisas, a menudo acabamos vistiendo nosotros a los niños y preparándoles el desayuno. En vacaciones, en cambio, y con la motivación de salir al campo, puede ser un buen momento para practicar el hecho de vestirse solos y prepararse el desayuno, acrecentando así su autonomía y mejorando su autoestima.

A través de las salidas al campo, los niños pueden observar los cambios en el paisaje a lo largo de las estaciones del año; experimentar los cambios de temperatura y los fenómenos atmosféricos a los cuales tendrán que adaptarse: un gorro para el frío, el chubasquero para la lluvia, la crema solar en verano…. Con ello, ir entendiendo qué significa estar en primavera, verano, otoño o invierno. Aprenderán a asociar sus vivencias a las estructuras temporales para ir haciéndolas suyas, poco a poco: el otoño trae setas, hojas caídas y almendras; el invierno frío, lluvia, barro. La primavera, flores nuevas, espárragos, ajetes e hinojo…

 

Qué es lo que les gusta a los niños.

A todos los niños les suele gustar el campo, pero hay unos cuantos ingredientes que hacen que un lugar les pueda gustar mucho más que otro: un lugar con agua (charcos, río, pantano…), rocas donde trepar y/o con recovecos para hacerse cabañas y árboles a los que subirse.

 

 

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Alavida, juego simbólico, asociar animales y ecosistemas, ideas infantiles para hacer en navidad

Os vamos a presentar una forma muy sencilla de tener en orden las figuras de animales en casa que es, al mismo tiempo y de forma tangencial, una actividad muy rica a nivel cognitivo.

En Infantil, tenemos organizadas las figuras de animales por ecosistemas. Es una manera de tenerlas ordenadas y, al mismo tiempo, una actividad interesante que requiere que el niño esté muy atento al lugar donde coge cada una de ellas, porque la tendrá que devolver a su sitio después de haber jugado con ella.

Aunque los niños de Infantil pueden clasificar colores o formas simples, la clasificación por ecosistemas es demasiado compleja para la etapa de desarrollo en la que se encuentran. Parece extraño que en Alavida les pidamos a los niños que hagan algo para lo que no están preparados ¿no os parece? El quid de la cuestión es que, en realidad, no les estamos pidiendo a los niños que hagan una clasificación por sí mismos, sino que reproduzcan la agrupación inicial de las figuras a la hora de devolverlas a su sitio. 

De esta manera es cuando se pone en funcionamiento lo que María Montessori llamaba la mente absorbente; que no es otra cosa que la capacidad innata y privilegiada de los niños más pequeños para absorber conocimientos y experiencias del entorno sin esfuerzo, cual esponjas, formando su personalidad, lenguaje y cultura de manera natural e inconsciente. 

Gracias a una actividad tan sencilla como reproducir un orden, el niño podrá, más adelante, asociar de manera natural al león con la sabana o el pingüino con el paisaje polar. Con todo lo que ello implica a nivel curricular.

 

Material necesario:

  • figuras de animales
  • láminas plastificadas del ecosistema de las figuras de animales. 

 

Qué se trabaja

Ya hemos mencionado que, el hecho de que los materiales estén colocados a la altura de los niños fomenta su autonomía, ya que no necesitan de los adultos para poder cogerlos. Esto, unido a un orden claro y previsible de las cosas, hace que los niños también sepan cómo dejar el material colocado en su lugar a la hora de devolverlo, trabajando con ello la responsabilidad de devolver las cosas tal cual las hemos encontrado.

Aunque no pretendemos que un niño de 3 años entienda aún el concepto de ecosistema, sí va creando asociaciones estables entre los grupos de animales y su hábitat. Toda una preparación para cuando, más mayores, empiecen con las ciencias naturales.

Trabajan asimismo la atención (se tienen que fijar a qué ecosistema pertenece cada animal), la concentración y la memoria (al dejar cada figura en su lugar).

 

Qué es lo que les gusta a los niños

El juego simbólico en la infancia es primordial y los niños, de una manera o de otra, siempre incluyen animales en sus juegos. Manipularlos, colocarlos, emparejarlos, inventar historias, reproducir sus sonidos… Las láminas pueden formar parte del juego, ya que son los lugares donde viven esos animales concretos. 

Y, jugando, están construyendo las bases de futuros aprendizajes…

 

Alavida, ideas de actividades infantiles en navidad, colines

Una vez por semana, organizamos en Infantil un taller de masas. Es una actividad de gran valor sensorial y motriz, aspecto fundamental en el desarrollo de esta etapa precisamente denominada por Piaget sensoriomotriz -Relacionar con las Etapas de Desarrollo en Infantil y Primaria en la web

Cada semana los niños hacen una masa distinta de la anterior, de manera que puedan tener contacto directo y experimentar con distintas texturas: explorar el mundo a través de las manos, es uno de los canales fundamentales de aprendizaje entre los más pequeños.

Hemos traído a colación los colines (este juego de palabras se llama paronimia, que lo acabo de mirar) porque tienen un aliciente muy especial: el cambio a lo largo del proceso de elaboración

La masa huele de una manera muy característica al principio, de otra cuando están los colines haciéndose en el horno y de una tercera manera al comerlos. Con la temperatura o la textura de la masa, ocurre tres cuartos de lo mismo –de hecho, al principio les podéis dar a los niños una masa más bien húmeda y dejar un montoncito de harina en la mesa para que ellos mismos la puedan ir añadiendo hasta encontrar el punto que más les gusta. 

En este sentido, es muy interesante seguir con los niños el proceso completo para que puedan observar de primera mano todos estos cambios de los que estamos hablando (me refiero a no aprovechar que el niño está en casa de un amiguito para hornear los colines, por ejemplo, ya que se perdería el delicioso olor que desprenden en ese momento).

Es importante destacar que el objetivo no es llegar a un producto final. Los niños de Infantil aún no están en la etapa de las operaciones concretas (propia de Primaria), por lo que no buscamos hacer pan, sino vivir la experiencia sensorial completa. Aquí, el proceso es lo verdaderamente importante. 

Como los niños hacen los colines de distinta forma y tamaño, al hornearlos, unos se tuestan en exceso y otros salen casi crudos. Aunque nosotras no comentemos nada, también aprenden del resultado: de momento, solo van recogiendo información pero, con el tiempo, la interrelacionarán.

Algunas veces, en Alavida, los niños de Infantil hacen colines con forma de letra porque acaban de asistir al “Cuento de la M” (o de la letra de turno que haya tocado ese día). Es una propuesta hecha por la acompañante. En este caso, tampoco incidimos en el resultado final: algunos niños se esforzarán en hacer la letra propuesta mientras que otros preferirán hacer “su” letra (la inicial de su nombre) o ir a su aire. No haremos ningún tipo de valoración sobre el resultado de su trabajo. Hayan hecho una letra o no.

Para acabar, los niños se comen sus colines. Con toda la implicación simbólica que conlleva comerse –integrar– una letra.

 

Ingredientes

  • 250 gr de harina
  • 140gr de agua
  • 20gr de aceite
  • de oliva
  • 5gr de levadura fresca
  • una pizca de sal
  • 1 cucharada de miel

 

Qué se trabaja

Como ya hemos comentado al principio, es fundamental para los niños más pequeños el contacto con diversas texturas para un desarrollo sensorial adecuado. Que los niños experimenten con masas más húmedas y secas, granulosas y lisas, pegajosas y escurridizas… enriquece su abanico de experiencias y su memoria sensorial.

El hecho de amasar, aplastar, estirar, dar forma o incluso coger una pizca de sal o una cucharada de miel para añadir a la masa, fomenta el desarrollo de la motricidad fina.

En el caso de los colines en forma de letra, hay un gran trabajo de preparación a la lectoescritura.

Como siempre en Alavida, esta es una oportunidad más de trabajar la autonomía y la responsabilidad: los niños se lavan solos las manos antes y después de la actividad y dejan limpio el espacio que han utilizado durante la actividad.

Por último, tener experiencias placenteras con la cocina desde muy pequeños hace que quieran repetir y ¿quién sabe? Igual vuestro hijo se convierte en un verdadero cocinillas (como es nuestro caso)…

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Qué es lo que les gusta a los niños

A los niños les encanta manipular masas y comerse lo que hacen (esté crudo u horneado, frío o recién salido del horno). Por imitación, también les gusta hacer actividades que nos ven hacer a nosotros, los adultos, en la cocina.

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En Alavida, creemos que la autonomía se construye, poco a poco, atendiendo las necesidades e intereses propios en un ambiente cuidadosamente preparado para ello. 

No en base a grandes lecciones o moralinas culpabilizantes.

La autonomía es una de las cosas más importantes que trabajamos con los niños en Alavida.

Tener las cosas organizadas de forma que los niños puedan ser autónomos es básico para su desarrollo ya que, cuantas más cosas sean capaces de hacer sin tener que depender de un adulto, más grande será su desarrollo neurológico, su autoestima y su autoimagen.

Y qué mejor que empezar por poder satisfacer, por sí mismo, la propia sed. Necesidad primordial donde las haya.

El hecho de que un niño decida servirse agua para beber conlleva un enorme trabajo de fondo, previo, en la crianza.

Nada más nacer, una madre empieza a aprender a leer a su bebé y, con el tiempo, sabrá discernir las señales de hambre, sueño, aburrimiento… Y le reflejará “¿Tienes hambre?” y le ofrecerá comida; “¿Tienes sueño? y le ofrecerá descanso”;  “¿Tienes sed?” y le ofrecerá agua. El niño, poco a poco, irá identificando esas necesidades y nosotros adecuaremos el entorno para que pueda satisfacerlas de manera autónoma (teniendo en cuenta su etapa de desarrollo): un plato con fruta siempre a su disposición, un colchoncito en el suelo, un vaso de agua a su alcance. Todo un proceso de conexión con uno mismo, de autocuidado y autonomía –si dejamos que el niño pueda satisfacer esta necesidad por sí mismo.

Cuando los niños llegan a Infantil, con 3 años, ya están más que preparados para aprender a servirse ellos mismos agua de una jarrita, dispuesta a su altura. Y no sabéis todo el trabajo que hacen realizando este pequeño acto.

Cuando un niño se sirve agua de manera autónoma, no solo bebe: siente el peso de la jarrita en sus manos, el frío del cristal; la levanta con sumo cuidado en un ejercicio de fuerza, equilibrio y atención brutales –no sea que se derrame; acerca la jarra al vaso, buscando con la mirada el punto en el que el agua caerá donde él quiere que caiga, ajustando la tensión de su mano para controlar el flujo de agua. Y la apoteosis final: rellenar el vaso sin que se desborde. Los hay que se sirven tres veces un culín. Los hay que se sirven un vaso rebosante y solo beben un trago. 

Hay una balletita cerca, para los accidentes. “”Uy, se me ha caído agua”, dice una de las más pequeñas en voz alta. Sabe que nadie le va a decir nada. Ya le ha pasado otras veces. No levanta la cabeza, buscando la mirada del adulto. Simplemente, coje la balleta y frota con todo su empeño.

Solo cuando la jarrita se vacía, los niños necesitan de la ayuda del adulto para llenarla de nuevo.

 

Qué se necesita

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  • Una jarrita de cristal pequeña y ligera
  • Un vaso
  • Una bandeja 
  • Una balleta húmeda

 

Qué se trabaja

Beber cuando uno lo necesita es en sí mismo un acto de autocuidado muy importante. 

Al satisfacer esa necesidad por uno mismo, estamos trabajando la autonomía entre los más pequeños; al mismo tiempo que crece la autoestima y se favorece la creación de una autoimagen positiva; de alguien capaz.

Si el agua se derrama y el vaso o la jarra se rompen, no pasa nada: es una ocasión más para practicar que los errores no son graves y lo único que tenemos que hacer es enmendarlos. Recogemos los cascotes con el niño, los llevamos juntos al contenedor y vamos a comprar una jarrita nueva con él. Una gran lección de responsabilidad.

En la acción de servirse agua de una jarra, hay un importante trabajo de coordinación óculo-manual y control motor, así como de integración sensorial y de ajuste de fuerza.

Es un primer (y fundamental) acercamiento a la mecánica de fluidos.

 

Qué es lo que les gusta a los niños

A los niños les encanta transvasar aguapor el mero placer de manipularla y verla caer de un contenedor a otro. 

Además, el hecho de manejar una jarra hace que los niños se sientan mayores: es un objeto que acostumbran ver a los adultos utilizar y, sentir que ellos pueden utilizarla por sí mismos, les llena deorgullo.

 

Variante interesante

En la zona de «vida práctica» (de origen Montessori) a menudo tenemos una bandeja con jarras o botes de cristal de varias formas, agua tintada con colorante alimentario y una esponja para absorber el líquido que se pueda derramar. Los niños disfrutan mucho viendo cómo pasan, ellos mismos, el agua de un recipiente a otro.

 

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